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Sanar las heridas emocionales de la infancia: por dónde empezar
Lo que no sanas en ti, lo repites en tus relaciones. Empezar por la herida es empezar por ti.
Las heridas emocionales de la infancia —abandono, rechazo, humillación, injusticia, traición— no se borran con el tiempo: se cubren con personalidades adaptativas que terminan siendo nuestras prisiones. Sanarlas no es revivir el pasado, es dejar de pagar su factura en el presente.
Reconoce tu herida principal
Toda persona tiene una herida dominante. Identificarla te explica patrones que parecían inexplicables: por qué te sabotedas, por qué eliges lo mismo, por qué reaccionas así.
Reescribe la historia interna
No puedes cambiar lo que pasó, pero sí lo que te dijiste sobre lo que pasó. Sanar es darle a tu niño o niña interior la mirada que entonces nadie le dio.
Acompáñate con un proceso terapéutico
La terapia sistémica permite ver las lealtades familiares invisibles que sostienen el síntoma. Sanar en compañía es más rápido y más profundo que hacerlo en soledad.